¿Son “guarimberos” los estudiantes venezolanos?

Los medios hegemónicos de comunicación internacional han presentado -desde hace ya casi más de siete años- a los estudiantes universitarios venezolanos como los grandes antagonistas de la Revolución Bolivariana. Pero ¿es esto así? Veamos.


Todos contra la tiranía

Cuando el 23 de enero de 1958 se produce la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, todo el pueblo venezolano reconocía en el estudiantado universitario a uno de los factores más importantes en ese proceso de creciente organización y movilización popular en contra del gobierno autoritario que había ahogado las esperanzas del pueblo por conquistar por fin definitivamente la democracia y la libertad en la tierra de Bolívar.

Sin embargo, poco tiempo después, los partidos Acción Democrática y Copei se montaron en las ancas del Pacto de Punto Fijo (ver ediciones anteriores de El Popular), en representación de los intereses de las grandes corporaciones petroleras norteamericanas, y ahogaron las legítimas aspiraciones de las y los venezolanos que clamaban por una justa redistribución de la riqueza generada por la renta petrolera y por una transformación del modelo económico fuertemente dependiente de ese recurso energético.

Nuevamente los estudiantes se convirtieron en actores fundamentales de la resistencia a los gobiernos autoritarios que se sucedieron desde 1958 hasta 1998.

Durante estos cuarenta años, miles de estudiantes fueron presos y torturados, varios cientos fueron asesinados y fue en Venezuela donde ya en aquellos años tuvimos el macabro privilegio de que hiciea su debut la práctica de la desaparición forzada de personas.

Con un alto costo en vidas y proyectos truncados, los estudiantes universitarios venezolanos lograron significativos avances para poner la educación universitaria pública al servicio de un proyecto de país más justo, más independiente, más soberano.

Cuando las sombras vencieron

Con el advenimiento de la larga noche neoliberal surgió también un nuevo fenómeno en el movimiento estudiantil universitario, particularmente del perteneciente a la Universidad Central de Venezuela (UCV), la más importante universidad pública del país, también conocida como “la casa que vence las sombras”.

En tanto el objetivo explícito del Gobierno era apuntar a su debilitamiento y privatización, se iniciaron fuertes recortes en el área de bienestar estudiantil (transporte, alimentación, becas, residencias, bibliotecas, entre otras), así como fueron quedando cada vez más y más bachilleres sin cupo para poder estudiar las carreras de su preferencia.

Coincidiendo con los golpes de Estado en el sur del continente, en el año 1973 el presidente Juan José Caldera clausura las universidades públicas utilizando tanques de guerra para impedir la actividad de supuestos focos guerrilleros. Adicionalmente promulgó una ley que limitaba el acceso universal a la educación terciaria. Esto agravó aún más la crisis preexistente y demostró el desprecio de las clases dominantes por la Universidad y el conocimiento científico.

Quienes accedían a los estudios universitarios eran cada vez más los hijos de los sectores económicamente más acomodados, expulsando a las y los jóvenes provenientes de la clase trabajadora a institutos y universidades privadas -algunas de ellas de dudosa calidad académica, o bien excluyéndolos de la posibilidad de la educación terciaria.

El carácter de clase de los estudiantes venezolanos cambió radicalmente en muy poco tiempo. La UCV dejó de promover la investigación para el desarrollo nacional y el que anteriormente fuera considerado el núcleo más fuerte del conocimiento venezolano pasó también a estar al servicio de los intereses del capital transnacional y de sus aliados internos.

Con las honrosas excepciones de un puñado de escuelas y facultades, las universidades públicas venezolanas (pero particularmente la UCV) se convirtieron en brazos funcionales de las clases dominantes y adquirieron todos sus vicios, particularmente sus autoridades, que se vieron envueltas en numerosos escándalos por corrupción y desvío de fondos.

Llegó el Comandante y mandó a parar

Con el inicio del Gobierno del comandante Hugo Chávez, el sector más radical de la derecha venezolana buscó atrincherarse en la UCV y en algunas otras universidades públicas y privadas, buscando la formación de un movimiento estudiantil que le fuera funcional.

Con una matrícula en franca decadencia y con un porcentaje del alumnado cada vez mayor en relación de parentesco con el cuerpo docente (hoy en día, más del 60% de los estudiantes de la UCV son hijos o nietos de profesores), la UCV se convirtió en una institución endogámica más preocupada por mantener los propios beneficios que por el país y su educación.

Mientras tanto, el presidente Chávez instaló las misiones educativas que permitieron alfabetizar a más de dos millones de personas, así como que cientos de miles culminaran la enseñanza secundaria y la primaria.

Era evidente que se requerían nuevas y urgentes medidas para garantizar el derecho a la educación de esos cientos de miles de jóvenes excluidos.

Se crearon entonces nuevas universidades, como la Universidad Bolivariana de Venezuela, la Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada (antes instituto), la Misión Alma Mater (que permitió municipalizar la educación universitaria y llevarla a los más alejados rincones del territorio nacional), se instaló en convenio con Cuba la Escuela Latinoamericana de Medicina, se creó la Universidad Iberoamericana del Deporte, la Universidad Nacional Experimental de las Artes, la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad, entre otras.

Así mismo, se aumentaron y masificaron las becas estudiantiles, se incrementó el subsidio del pasaje estudiantil, se crearon decenas de nuevas sedes universitarias en el interior del país, se publicaron millones de nuevos textos y más recientemente se inició la distribución de tablets para toda la población estudiantil.

La matrícula pasó de algo menos de 800.000 estudiantes universitarios a casi tres millones.

Un nuevo y vigoroso movimiento estudiantil surgió de estas nuevas universidades, que tiene sus reclamos y críticas, pero que sabe lo que ha conquistado junto a todo el pueblo de Venezuela. Este nuevo movimiento estudiantil realiza permanentemente, como parte de su militancia y de su formación, trabajo voluntario y actividades de extensión.

Yo estudio, tú estudias, él estudia, nosotros estudiamos, vosotros estudiáis, ellos... guarimbean

Cuando desde medios del año 2013 y principios de éste algunos sectores de la oposición venezolana promovían “la salida” del Gobierno nacional presidido por Nicolás Maduro, se empezó a desvelar la implementación en nuestro país de la estrategia del “golpe suave”, promovido desde los Estados Unidos (ver notas anteriores en El Popular).

A partir del 12 de febrero, las manifestaciones (que habían ido escalando) adquirieron ribetes insurreccionales particularmente violentos e indiscriminados, llegando incluso a la concreción de actos terroristas y ocasionando más de 40 muertos, cientos de personas heridas y múltiples daños a bienes públicos.

Durante todo el mes de febrero y marzo, en las urbanizaciones acomodadas de las grandes ciudades, se desarrollaron “guarimbas” (barricadas que obstaculizan el paso de personas y vehículos y en las que se desarrollan acciones violentas).

Los medios de comunicación internacionales señalaron repetidamente que el Gobierno de Maduro reprimía salvajemente a los estudiantes, sin tener en cuenta que la inmensa mayoría de las víctimas habían sido provocadas por los guarimberos.

Pero esa no era el único ocultamiento de la verdad por parte de los medios: tampoco dijeron que la inmensa mayoría de las universidades y de los estudiantes nunca dejaron de desarrollar sus actividades normalmente, tampoco dijeron que la mayor parte del movimiento estudiantil rechazó las guarimbas, y tampoco reflejaron que incluso los estudiantes de derecha les retiraron su apoyo.

De los menos de 3.000 personas que participaron en estos eventos violentos solamente algo menos de 200 eran estudiantes, y de éstos solamente seis permanecen detenidos, y lo están por haber participado en hechos de sangre.

Hoy por hoy, nuevamente la oposición fracasó en su intento por derrocar al Gobierno venezolano y echar atrás a la Revolución Bolivariana. La inmensa mayoría de los estudiantes defiende este proceso y contribuye activamente a hacer que la sociedad venezolana sea cada vez más justa, libre, solidaria y democrática, para poder construir una nación independiente, soberana e integrada en la Patria Grande latinoamericana.

Publicada originalmente en el semanario El Popular (Montevideo, Uruguay, nro. 274, 4 de julio de 2014)

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