Venezuela: No detendrán la primavera


Cuando hablamos con el director de El Popular sobre el caracter de las notas que se publicarían para este semanario, dijimos que trataríamos de mantenernos alejados de la coyuntura, para más bien dar claves a los lectores que les permitiera comprender la realidad venezolana.
Sin embargo, cuando sucede algo como los bárbaros asesinatos de Robert Serra y María Herrera, acontecidos el primero de octubre en Caracas, es imposible mantenerse ajenos a estos hechos. Tratemos de entender, si es que se puede comprender la barbarie.

Una vida llena de compromiso
Robert Serra nació Maracaibo, estado Zulia, el 16 de enero de 1987, pero desde muy niño pasó a residir en Caracas. Se graduó como abogado en la Universidad Católica Andrés Bello y realizó una maestría en Criminalística. Fue electo diputado principal en el año 2010 por el circuito 2 del Distrito Capital, que incluye a las parroquias 23 de Enero, Santa Teresa, San Juan, Catedral y Altagracia. Cuando asumió, era el diputado más joven que hubiera ingresado alguna vez a la Asamblea Nacional, con solamente 23 años de edad.
En 2007 Robert formó parte de la Comisión Presidencial del Poder Popular Estudiantil, fue responsable de la juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en Caracas y director del programa Mil Veces Juventud del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores y Justicia, con el que buscaba alejar a la juventud de la violencia.
El ex ministro de Comercio, Richard Canán, lo recordó así: “Robert se forjó, y así lo vimos por primera vez, en medio de las confrontaciones y las desquiciadas locuras de la extrema derecha venezolana durante sus aventuras golpistas. Robert tuvo la valentía de levantar la voz, siendo estudiante de la UCAB (nido de fuerzas reaccionarias), en medio de aquel irracional contexto, donde la extrema derecha pretendía asaltar el poder por vías supraconstitucionales. (...) Nunca olvidaremos las agresiones y acosos que los “demócratas” de la UCAB realizaron contra Robert cuando estudiaba derecho. (...) En la Asamblea siempre fue una voz activa, constructiva, siempre denunciado las atrocidades de los fascistas”.
A su vez, el diputado Freddy Bernal, quien fuera alcalde de Caracas, dijo: “Un día soleado en la plaza Bolívar de Caracas escuché a un jovencito, casi niño, con unas encendidas palabras. Al final del acto, lo abracé como se abraza a un hijo y lo llevé a mi despacho. Fue en el año 2001 cuando el destino nos cruzó en el camino. En esa primera oportunidad aquel niño me dijo de forma enérgica “cuídeme bien esa silla Alcalde, porque yo seré su sucesor”, confieso me deleitó la energía, inteligencia de aquel pequeño muchacho y lo adopté como hijo. (...) Me hice acompañar para muchas (...) giras por este jovencito, que inspirado en los ideales de la revolución, sacudía con su energía y sagacidad, las emociones y euforia de nuestro amado pueblo”.
Como parlamentario, Robert destacó por sus participaciones en los debates de la Ley de Empleo Juvenil y por su preocupación por los temas de acceso de las y los niños, jóvenes y adolescentes a la educación, la cultura y el deporte como mecanismo para lograr construir una sociedad alejada de la violencia. Así mismo, defendió los derechos de las personas privadas de libertad e intercedió reiteradamente para mejorar las condiciones de reclusión de las mismas.
El fascismo golpea la puerta
Cuando fueron develados los planes terroristas que Lorent Gómez Saleh y Gabriel Valles, con el auspicio del ex presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez preparaban contra Venezuela (ver El Popular 285, 19/09/2014), Robert señaló en el programa Zurda Konducta, que emite el canal estatal Venezolana de Televisión, “Que el país observe lo que está ocurriendo. ¿Por qué el primero que salió en defensa de Lorent Saleh fue Álvaro Uribe Vélez? Porque hay intereses directamente relacionados entre el paramilitarismo que dirigió personalmente y que aún dirige en Colombia y estos hechos despreciables”.
Más adelante, señalaba: “Si nosotros revisáramos en retroactivo la planimetría de lo que fueron los caídos en los últimos hechos de guarimba, un tiro certero a la cabeza de balas 9 mm o de alto calibre. Un tiro certero. No cualquier tirador tiene esa capacidad para hacerlo. Recordemos lo sucedido en abril de 2002, con el golpe al Comandante Chávez” (cuando francotiradores dispararon a concentraciones de chavistas y opositores buscando provocar un enfrentamiento y justificar el golpe de Estado).
Refiriéndose a una lista de “20 muñecos” a quienes Lorent Gómez Saleh señaló como blanco de acciones terroristas, el joven diputado afdirmó “Estoy seguro que en esa lista macabra quizás lo tenían a uno. Bueno, láncense, pero no importa. Estoy seguro de que tenían a responsables de colectivos y movimientos sociales. ¿Para qué? Para generar la reacción que le diera a CNN el formato pelea de perros, que han puesto en práctica los gringos en otros países del mundo, para demostrar que aquí no hay gobernabilidad, que Nicolás Maduro no garantiza la paz y así poder intervenir el policía del mundo, que son los benditos gringos”.
Robert Serra sabía que el sector más extremista de la derecha venezolana está en condiciones de cometer acciones terroristas, o bien de contratar a sicarios que las relicen por ellos. Cuentan con el apoyo de Uribe, pero también de los “halcones” de la política norteamericana, dispuestos a todo por garantizarle a Estados Unidos el suministro del petróleo venezolano y el goce de la renta petrolera a las empresas de ese país.
La hora de los hornos
El 2 de octubre, al otro día de un crimen que por lo horrendo y macabro de sus formas no puede adjudicarse a la delincuencia común, el ministro del Poder Popular para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, brindó algunas informaciones: “Inferimos que no se trata de un hecho azaroso. Estamos en presencia de un homicidio intencional, planificado, ejecutado con gran precisión [...]. Sin duda su muerte obedeció a una macabra encomienda”.
Los restos de Robert y María fueron velados en capilla ardiente en la sede de la Asamblea Nacional por dos días y luego trasladados el 3 de octubre en una larga marcha a pie hasta el Cementerio General del Sur, donde reposan junto a los de Jorge Rodríguez, héroe de la resistencia contra los gobiernos autoritarios adecos y copeyanos, y Eliécer Otaiza, concejal metropolitano cuya muerte -también con carterísticas de crimen de odio- aún está en proceso de ser aclarada.
El pueblo que acompañó al cortejo fúnebre fue la más grande concentración de personas desde la muerte del comandante Chávez, y al igual que en ese momento mostraba un infinito dolor, pero en esta oportunidad el dolor acompañaba a la rabia contenida por millones de pechos.
En el acto de inhumación de los restos de Robert, el presidente Nicolás Maduro, señaló que “los autores intelectuales estoy más que seguro están fuera del país, por las informaciones que manejo, apuntan hacia Colombia y la banda de criminales que ha dirigido toda la vida el expresidente Álvaro Uribe”.
En el programa de Zurda Konducta que mencionábamos más arriba, Robert dijo una frase que bien pudiera ser su mejor epitafio: “Si preguntaran a esta generación, cuál es nuestro objetivo, no es un cargo, compañero. Es hacer irreversible los sueños de Hugo Chávez y su legado en esta Patria que formó para nosotros”.
Tan solo dos días después, Marvin Blanco, el ganador de la media maratón realizada ese domingo, también conocida como Caracas Rock 2014, cruzó la meta con una foto del líder juvenil en la mano. Allí es donde Robert Serra vive ahora: en el legado de Chávez, en la Patria reconquistada para el pueblo y en cada joven venezolano sano.
Escrita para ser publicada originalmente en el semanario El Popular (Montevideo, Uruguay, número 288, 10 de octubre de 2014).

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