Elecciones en Venezuela: El recurrente fantasma del fraude

Por estos días, los medios de comunicación internacionales dan cuenta de una supuesta negativa del Consejo Nacional Electoral de Venezuela a diversos organismos de electorales del mundo, particularmente al Consejo Electoral de la Unasur.

Se habla de las posibilidades de un fraude y de la supuesta falta de legitimidad de las elecciones en virtud de la falta de organismos electorales que las avalen. 

El doble discurso



Es legítimo que el lector suponga que la falta total de confianza en el árbitro electoral por parte de los partidos opositores venezolanos se da porque estas organizaciones políticas no tienen en ese organismo alguien que lo represente. Pues sí tienen un representante entre los cinco integrantes de ese organismo, y hubieran sido dos de no ser por una triquiñuela de algunos de los sectores más radicales de la oposición que impidieron la participación de uno de ellos en el organismo que gobierna los procesos electorales.



¿Pero por qué habrían de negarse estos sectores a tener un representante? Pues precisamente para poder gritar ¡fraude! cuando pierden elecciones. Y quedarse bien calladitos cuando las ganan, porque por cierto la elección ha ganado muchas elecciones. Veamos cuáles.



Como en el sistema electoral venezolano se vota por distritos o circuitos electorales, cada vez que hay elecciones se realizan elecciones “separadas” de cada uno de los cargos de representación. Si asumimos que en cada elección parlamentaria se producen simultáneamente 111 elecciones -y ha habido tres comicios parlamentarios desde que existe el nuevo CNE-, entonces resulta que ha habido 333 elecciones de parlamentarios.



Del mismo modo, cada vez que se eligen alcaldes, se realizan 335 elecciones de alcalde y miles de elecciones de concejales municipales, como ha habido tres elecciones de este tipo, se han elegido 1.005 alcaldes y más de 10.000 concejales titulares y suplentes.



En el ámbito estadal, se eligen 24 gobernadores, por tres elecciones son 72 gobernadores electos y sus diputados estadales han sido más de mil.



De todo esta cantidad de cargos en disputa, los partidos opositores han obtenido entre 30 y 40% de los cargos en cada uno de los períodos en consideración. Esos cargos nunca han sido discutidos, siempre han estado claros, siempre ha sido la voluntad soberana del pueblo venezolano.



En cambio, cuando la oposición pierde cualquier elección, así sea la de un concejal en el municipio más pequeño del país, siguiendo la receta planteada más arriba, grita ¡fraude!



Los candidatos que respaldan al proceso revolucionario bolivariano y que integran el Gran Poplo Patriótico Simón Bolívar (GPPSB) han ratificado una y mil veces que los resultados electorales que proclama el CNE son “palabra sagrada”, como señaló el presidente Nicolás Maduro la pasada semana en una entrevista para un canal regional venezolano.



De hecho, las fuerzas que respaldan la Revolución Bolivariana suscribieron la pasada semana un acuerdo de reconocimiento de los resultados electorales emanados del Consejo Nacional Electoral, como también lo hicieron otros partidos opositores que no pertenecen a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).



La MUD y sus candidatos, nuevamente rechazaron suscribir ese acuerdo porque no tienen garantías, pero ¿no las tienen?



El proceso electoral venezolano es el que tiene más procesos de auditoría en todo el mundo. Estas auditorías fueron acordados entre todos los partidos políticos y el CNE para brindar las máximas garantías y blindar al proceso electoral venezolano contra cualquier intento de fraude.



Se automatizó el proceso para que no hubiera posibilidad de fraude en las mesas, pero para que esto fuera posible se audita también el software de las máquinas de votación, la máquina de votación, el despacho de las mismas, el software con el que se selecciona aleatoriamente a los miembros de mesa, la tinta que se le coloca en el dedo al elector para constatar que ya votó, el Registro Electoral, los propios cuadernos electorales, entre otras.



En cada una de esas auditorías los representantes de todos los partidos de oposición firman las actas en las que avalan que el proceso se realizó de forma satisfactoria y habilitan con ello el próximo paso en el cronograma electoral.



Este año, a los efectos de -literalmente- obtener mayores niveles de transparencia, todos los procesos de auditoría electoral con rumbo a los comicios del 6 de diciembre son televisados en directo.



El propio día de la votación, el elector -luego de cumplir los pasos para verificar su identidad y evitar la duplicidad del voto: presentación de la cédula, colocación de huella digital en el control biométrico y posteriormente firma y colocación de tinta indeleble- el elector luego de votar electrónicamente recibe un comprobante donde aparece su opción, que luego introduce en una caja, que al final de la jornada es auditada (en el 54% de las mesas, seleccionadas aleatoriamente).



Los partidos presentes al momento de la verificación de la urna reciben un acta también emitida electrónicamente y en más del 99,8% de los casos, no ha habido ni siquiera una duda



Ahora bien, la mejor y mayor comprobación de que el sistema electoral venezolano es seguro, confiable y transparente -eximiéndonos de abundar en otros comentarios- es que la oposición venezolana realiza sus propias elecciones internas utilizando exactamente este mismo mecanismo.



¿Y entonces? Entonces la cuestión es siempre jugar con el as bajo la manga. El buen tahúr trata de no usarlo, pero si se necesita allí lo tiene. Del mismo modo ha actuado la oposición venezolana. Cuando gana elecciones las elecciones expresan la voluntad popular, pero cuando las pierde es porque hubo fraude.



Desde el plebiscito para modificar la Constitución en 2006 -en que el chavismo fue derrotado-, hasta la elección de gobernador del muy importante estado Miranda -que hoy dirige Henrique Capriles porque le ganó las elecciones a Diosdado Cabello- o la votación que permitió que el municipio Sucre (el más poblado del país) pasara del PSUV a Primero Justicia, son solamente algunos casos que demuestran que el chavismo no se ha visto especialmente favorecido por las decisiones del árbitro electoral, sino más bien por el voto ciudadano, que a veces ha sabido ganar y otras veces no.



El acompañamiento electoral



En estos días el pueblo uruguayo ha sido testigo de encendidos debates en torno a si en Venezuela hay o no garantías electorales y mecanismos para verificarlas. Ya vimos que sí, y además se invita mucha gente para que lo pueda apreciar.



También invitan acompañantes electorales los partidos políticos y sus invitados son reconocidos y acreditados por el CNE.



Según una nota emitida por el organismo electoral, la próxima semana se dará inicio al programa de acompañamiento internacional de las elecciones a la Asamblea Nacional con la llegada al país de una misión de la Comisión de Expertos Electorales Latinoamericanos (CEELA) y de técnicos de alto nivel de los organismos electorales de América Latina.



Así lo anunció la presidenta del CNE, Tibisay Lucena, quien informó que estos técnicos y expertos electorales de alto nivel de la región acompañarán la realización de las actividades previas a la celebración de las elecciones del próximo 6 de diciembre.



Destacó que las primeras delegaciones en participar están integradas por la CEELA y autoridades electorales de América Latina, quienes se incorporarán a los procesos de auditoría que se ejecutan sobre la plataforma tecnológica del sistema electoral venezolano.



Sobre la participación de la misión electoral de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), refirió que se está en proceso de aprobación del convenio de acompañamiento.



Lucena aclaró que el CNE está a la espera del pronunciamiento que debe hacer el Consejo de Cancilleres de la Unasur para definir al representante de la misión, pues es esta instancia la encarga de decidir, luego de un proceso de consultas, quién se encargará de dirigir al grupo técnico electoral del organismo suramericano.

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