¿Se impondrá la paz en Venezuela?

Iniciábamos la columna de la semana pasada señalando lo cambiante de la realidad venezolana de las últimas semanas y advirtiendo sobre un nuevo intento de golpe de Estado, esta vez a través de la modalidad conocida como “golpe parlamentario” o “golpe blando”. Sin embargo, en menos de una semana la agenda política ha variado sustancialmente y donde se visualizaban enfrentamientos institucionales (y de los otros) de consecuencias imprevisibles, hoy se ve un rayo de luz que al final del túnel anuncia la ansiada paz, estabilidad política y equidad con justicia para todas y todos los venezolanos, pero ese camino no está libre de obstáculos.

Cuando el pasado jueves escribíamos para concluir esta columna, el presidente Nicolás Maduro se encontraba en viaje de retorno a Venezuela después de una exitosa gira por países integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), así como otros grandes exportadores que no integran esa organización.

En la parte final de esta gira, Maduro se reunió con el portugués António Guterres, recientemente electo secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y con el Papa Francisco, con quien sostuvo una entrevista privada.

Como resultado de esta visita, el Papa comprometió la participación del Vaticano en un nuevo intento de generar un espacio de diálogo entre el Gobierno y la oposición.

Si bien a través de Ernesto Samper, secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), estaba en curso un intento de lograr que las partes se sentaran a la misma mesa llevado adelante por los ex presidentes José Luis Rodríguez Zapatero (España), Leonel Fernández (República Dominicana) y Martín Torrijos (Panamá), el proceso de diálogo se mostraba muy farragoso y la propia acción opositora daba la pauta del desinterés en que ese diálogo llevara a buen puerto.

Sin embargo, a raiz de la aceptación del Vaticano a participar en el diálogo impulsado por el Presidente venezolano (y pese a las advertencias del gobernado del estado Miranda Henrique Capriles, que es también líder del partido Primero Justicia y ex candidato presidencial de la oposición, quién acusó a los chavistas de “diablos” en su programa de televisión), la Mesa de la Unidad Democrática (MUD, derecha) se vio forzada a interrumpir sus planes golpistas y encarrilarse en el camino de la negociación.

El domingo 31 de octubre, en una reunión que duró hasta la madrugada del lunes, además de decidir iniciar formalmente el diálogo, las partes decidieron la instalación de cuatro mesas temáticas. La primera, denominada “Paz, Respeto al Estado de Derecho y a la Soberanía Nacional”, estará bajo la coordinación del ex presidente español, José Luís Rodríguez Zapatero. La segunda, llamada “Verdad, justicia, reparación de víctimas y derechos humanos”, estará coordinada por la representación del Vaticano. La tercera mesa, que tomará los temas económicos y sociales, contará con el concurso del ex presidente de República Dominicana, Leonel Fernández. La mesa “Generación de Confianza y Cronograma Electoral”, será coordinada por el ex presidente panameño Martín Torrijos.

De esa manera, el juicio que la Asamblea Nacional por la supuesta responsabilidad política del Presidente iba a realizar este martes 1° de noviembre fue suspendido, así como las movilizaciones previstas con destino al Palacio de Miraflores (sede del Poder Ejecutivo) “para entregar la carta de despido al Presidente”.

Entre tanto, como reconoció Lilian Tintori (la esposa de Lepoldo López, el encarcelado líder del grupo ultraderechista Voluntad Popular), incluso la Embajada de los Estados Unidos en Venezuela pidió a los sectores más radicales de la MUD abstenerse de acciones violentas o que puedan elevar la confrontación.

Y es que hasta Thomas Shannon, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos de los Estados Unidos, fue a Venezuela a reunirse con el presidente Maduro y con representantes de la MUD para respaldar el diálogo.

Todo el mundo tiene claro en que el actual conflicto, en el que la Asamblea Nacional no reconoce a ninguno de los otros poderes y éstos consideran a ese organismo en desacato, no puede llegar a buen fin.

Si a eso se le agrega la confrontación en la calle impulsada por los sectores más radicales de la MUD como Voluntad Popular o Vente Venezuela (el grupo dirigido por la extremista María Corina Machado), el desenlace cruento estaría garantizado.

Sin embargo, las más diversas encuestas de opinión indican que el 85% de las venezolanas y venezolanos reclama de la dirigencia política que se retome el diálogo que le permita al país retomar el camino de la paz dejando de lado el enfrentamiento político y la guerra económica.

Por otro lado, las propias diferencias internas en la MUD y la presión de los sectores más radicales de la derecha que se produce a través de los medios de comunicación y las redes sociales, ha debilitado esta posición que acepta que la única postura posible es la del diálogo democrático.

Señales internacionales de televisión como CNN en español (Estados Unidos) o NTN 24 (Colombia), parecieran haberse transformado en medios venezolanos que dedican la casi totalidad de su programación a atacar a la Revolución Bolivariana.

Del mismo modo, algunos medios impresos y digitales se han transformado no solamente en esa suerte de plataforma o trampolín radical, sino en una suerte de tamiz que decanta el discurso opositor o de ortodoncia que fuerza el discurso político de algunos sectores para obligarlos a tomar posturas cada vez más radicales.

Aunado a esto, empresas de marketing digital, generadores de opinión y laboratorios de campañas negativas pagados desde Miami y Bogotá por esos mismos sectores fascistas vinculados a personajes tan nefastos como el “publicista” venezolano experto en guerra sucia J.J. Rendón, el ex presidente colombiano Álvaro Uribe o el gusano cubano Carlos Alberto Montaner, impiden que quienes reconocen la necesidad de evitar una confrontación en gran escala en Venezuela puedan ocupar espacios de poder y dirigir a la oposición agrupada en la MUD.

A horas de que todas las partes se felicitaban por el inicio de las conversaciones, o al menos por la disposición a establecer una mesa de diálogo, el mismo Henrique Capriles le puso “fecha de vencimiento” al mismo. Apenas diez días para intentar consolidar la paz. El 11 de este mes, para la oposición de derecha venezolana, se habrán cerrado los espacios para conversar.

Al mismo tiempo, Jesús Torrealba asumió la defensa del grupo Voluntad Popular y acusó al Gobierno de “buscar dividir” a la oposición.

Por otra parte, el presidente de la Federación de Centros Universitarios Hasler Iglesias convocó a los estudiantes a marchar este jueves 3 de noviembre con o sin el respaldo de la MUD para exigir como condiciones previas al diálogo -entre otras cosas- la realización de elecciones generales anticipadas.

Este planteo empieza a tomar forma en este sector radical, que sigue planteando mecanismos inconstitucionales para modifica la correlación de fuerzas y desplazar al chavismo del poder.

En el otro extremo de la mesa, todas las fuerzas de izquierda unidas en el Gran Polo Patriótico sostienen que dentro de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, todo es posible. Fuera de ella, nada. Eso marca los límites mínimo y máximo del diálogo, para el que no se ponen agendas previas ni condiciones.

De hecho, el gobierno de Maduro, como lo hizo también Chávez, ha llamado una y otra vez al diálogo democrático a los sectores opositores, que hasta ahora se han negado al mismo de manera reiterada.

El pueblo de Venezuela está nuevamente frente a una encrucijada que no ha buscado: que se imponga el diálogo (aún cuando este sea enérgico) como única alternativa para dirimir las diferencias o la aventura golpista que nos haría caer en una espiral de violencia de consecuencias imprevisibles pero adivinables. Se trata, en definitiva de paz o guerra, democracia o golpe. Que nadie se deje engañar.

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