Chávez vive en el corazón del pueblo

El 5 de marzo de 2013, Nicolás Maduro, quien por ese entonces fungía como Vicepresidente Ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela, señaló en una improvisada y muy emotiva alocución de radio y televisión: “A las 4:25 de la tarde de hoy cinco de marzo ha fallecido el comandante presidente Hugo Chávez Frías luego de batallar duramente con una enfermedad durante casi dos años, con el amor del pueblo, con las bendiciones de los pueblos y con la lealtad más absoluta de sus compañeros y compañeras de lucha y con el amor de todos sus familiares. A su madre y a su padre, doña Helena y Hugo de los Reyes, a sus hermanos, a sus hijas, a sus nietos y a todo nuestro pueblo le transmitimos nuestro dolor y nuestra solidaridad”.

La voz quebrada de quien luego fuera electo por el pueblo venezolano como Presidente de la República, no fue sino el inicio de multitudinarias expresiones de dolor que por millones acompañó sus restos a lo largo de más de siete horas y por más de trece kilómetros hasta la Academia Militar de Venezuela, donde se instaló una capilla ardiente que duró diez días y por la que pasaron centenares de miles de personas que acudieron desde todo el país.

“Pepe” Mujica: Gracias, comandante, por haberte conocido

José “Pepe” Mujica, ex Presidente uruguayo y actual senador por el Frente Amplio, señaló el pasado domingo visiblemente emocionado que Chávez “tiene la desgracia en su propia grandeza, como le ha pasado a los hombres realmente colosales, que cuando se van dejan un vacío que nos resulta humanamente imposible de cubrir”.

El acto que se organizó en Montevideo en conmemoración del cuarto aniversario de la siembra de Hugo Chávez -realizado en la plaza Simón Bolívar del barrio homónimo- contó también con la presencia de la senadora Lucía Topolansky y otros legisladores nacionales y departamentales del Uruguay, así como los embajadores de Cuba Mercedes Vicente y de Bolivía Benjamín Blanco, así como del representante permanente de Venezuela ante Mercosur y Aladi José Félix Rivas Alvarado, entre otros integrantes del cuerpo diplomático, dirigentes políticos y sociales y vecinas y vecinos de la zona.

“Los hombres grandes se siembran, pero toda semilla hay que cuidarla. Hay que entender que los hombres grandes no tienen patria, son la Patria; son el mensaje colectivo; no tienen nacionalidad, son de la humanidad; y son fundamentalmente símbolo que deben comprometer nuestro porvenir (…) Gracias, comandante, por haberte conocido y por todo lo que nos diste”, concluyó el ex mandatario uruguayo. 

¡Unidad! ¡Unidad! ¡Unidad!

El comandante Chávez realizó la que fue su última alocución pública el 8 de diciembre de 2012 en la que señaló: “Venezuela ya hoy no es la misma de hace veinte años, de hace cuarenta años. No, no, no. Tenemos un pueblo, tenemos una Fuerza Armada, la unidad nacional. Si en algo debo insistir en este nuevo escenario, en esta nueva batalla, en este nuevo trance —diría un llanero por allá— bueno es en fortalecer la unidad nacional, la unidad de todas las fuerzas populares, la unidad de todas las fuerzas revolucionarias, la unidad de toda la Fuerza Armada, mis queridos soldados, camaradas, compañeros; la unidad del Ejército, mi Ejército, mi amado Ejército. El Ejército, la Marina, mi amada Marina. Digo porque los adversarios, los enemigos del país no descasan ni descansarán en la intriga, en trata de dividir, y sobre todo aprovechando circunstancias como estas”.

¿Cuál es la respuesta?, se preguntaba el Comandante: “Unidad, unidad y más unidad. ¡Esa debe ser nuestra divisa! (…) El Partido Socialista Unido de Venezuela, los partidos aliados, el Gran Polo Patriótico, las corrientes populares revolucionarias, las corrientes nacionalistas. ¡Unidad, unidad, unidad! ¡Unidad!”

Chávez también advertía que “debemos garantizar la marcha de la Revolución Bolivariana, la marcha victoriosa de esta Revolución, construyendo la democracia nueva, que aquí está ordenada por el pueblo en Constituyente; construyendo la vía venezolana al socialismo, con amplia participación, en amplias libertades, que se están demostrando una vez más en esta campaña electoral para gobernadores, con candidaturas por aquí y candidaturas por allá. Libertades. En plenas libertades”.

A pesar de las diatribas a las que se ve sometida la Revolución Bolivariana, Venezuela ha logrado convertirse de mera proveedora de petróleo para Estados Unidos en una Patria y -como el propio Chávez señaló ese día “¡cuanto costó recuperarla! Revivirla, levantarnos con ella entre dolores, entre pesares, recordemos cuanto ha costado, cuanto nos ha costado a millones, a millones. (…) Hoy, por fin, después de tanta lucha tenemos Patria a la cual seguir haciendo el sacrificio, desde mi corazón de patriota reitero mi llamado a todos los patriotas de Venezuela y a todas las patriotas de Venezuela, porque, bueno, somos revolucionarios, somos socialistas, somos humanos, somos muchas cosas pero en esencia, patriotas”.

De estas dificultades también hablaba Chávez en esas sus últimas palabras: “No faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles para, bueno, mantener ese empeño de la restauración del capitalismo, del neoliberalismo, para acabar con la Patria. No, no podrán, ante esta circunstancia de nuevas dificultades -del tamaño que fueren- la respuesta de todos y de todas los patriotas, los revolucionarios, los que sentimos a la Patria hasta en las vísceras como diría Augusto Mijares, es unidad, lucha, batalla y victoria”.

Que nadie crea que el pueblo venezolano está débil, desde hace ya cuatro años tiene a Chávez viviendo en su corazón.

Cuatro años de agresiones

A lo largo de estos cuatro años a partir de la partida física del comandante Chávez -seguramente los más difíciles en la historia de la Revolución Bolivariana-, todo ha sido intentado para derrotar el ensayo de construcción del socialismo en Venezuela.

La caída de los precios internacionales del petróleo, su principal recurso de exportación; al mismo tiempo, la guerra económica expresada en el combate a la moneda venezolana, el desabastecimiento programado generado por los propios empresarios, la especulación y el contrabando de extracción de los productos regulados y/o subsidiados de la cesta básica han contribuido a generar una situación muy compleja para la población.

El sector más radical de la oposición de derecha ha promovido hechos violentos y desestabilización política como parte de su agenda a cuatro bandas para intentar derrocar a Nicolás Maduro -Presidente legítimamente electo en abril de 2013- que fueron anunciadas por la opositora Asamblea Nacional el 10 de enero de 2016 y que incluía presión de calle para forzar la renuncia y/o reforma constitucional para restringir el mandato y/o declaración por parte de la Asamblea Nacional de abandono del cargo y/o la activación del referéndum revocatorio del mandato.

El actual conflicto, en el que esa Asamblea Nacional de mayoría opositora se coloca en desacato y no reconoce a ninguno de los otros poderes, es una operación que busca generar una permanente inestabilidad con el objetivo de derrocar al Gobierno.

El diálogo posible y necesario

Sin embargo, las más diversas encuestas de opinión indican que el 85% de las venezolanas y venezolanos reclama de la dirigencia política que dialogue para permitir al país retomar el camino de la paz, dejando de lado el enfrentamiento político y la guerra económica.

Todas las fuerzas de izquierda unidas en el Gran Polo Patriótico sostienen que dentro de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, todo es posible. Eso marca los límites del diálogo al que ha convocado el presidente Nicolás Maduro con el respaldo de la Unasur y el Vaticano, para el que no se han exigido otras agendas ni condiciones previas.

De hecho, el gobierno de Maduro, como lo hizo también Chávez, ha llamado una y otra vez al diálogo a los sectores opositores, que hasta ahora se han negado al mismo de manera reiterada o del que se han retirado una y otra vez.

El pueblo de Venezuela está nuevamente frente a una encrucijada que no ha buscado: que se imponga el diálogo como única alternativa para dirimir las diferencias o la aventura golpista que nos haría caer en una espiral de violencia de consecuencias terribles. Se trata, en definitiva, de paz o guerra, democracia o golpe.

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